Para mi kessito

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Para ti

Hay algo que todavía no logro comprender de ti.

No cómo puedes hacerme feliz. Eso lo entiendo demasiado bien. Sino cómo una persona puede convertirse en un lugar.

Porque cuando estoy contigo no siento solamente que estoy acompañado. Siento que por un momento puedo descansar de mí mismo.

Y quizá eso sea lo más extraño del amor: uno pasa tanto tiempo intentando entender quién es, intentando corregirse, intentando dejar atrás lo que fue, que cuando encuentra a alguien con quien puede simplemente existir, se da cuenta de que llevaba mucho tiempo buscando exactamente eso.

Yo no sabía que necesitaba paz hasta que la encontré en ti.

Y no hablo de una paz perfecta, de esas que existen solamente en las historias bonitas.

Hablo de algo mucho más real. La tranquilidad de saber que puedo mirarte y no necesito ser otra persona.

La tranquilidad de poder abrazarte y sentir que aunque afuera todo siga pasando por unos segundos no tengo que resolver nada.

Y quizás por eso amo tanto todo de ti.

No podría escoger solamente tus ojos, tu sonrisa, tus besos o tus abrazos porque hacerlo sería como intentar explicar el mar eligiendo una sola gota.

Te amo en el conjunto.

En la persona completa.

En todo aquello que haces sin darte cuenta y que sin embargo consigue quedarse conmigo mucho después de que te vas.

Y hay algo que quiero agradecerte especialmente: tu confianza.

Porque sé que conocer el pasado de alguien también significa conocer las partes que no son fáciles de mirar.

Yo tengo las mías.

Y aun sabiéndolas, tú decidiste confiar.

No sabes cuánto significa eso para mí.

Porque tu confianza no me hace olvidar quién fui; me recuerda que todavía puedo decidir quién quiero ser.

Y si alguna parte de mí está intentando convertirse en alguien mejor, una parte de esa transformación lleva tu nombre.

No porque me hayas pedido cambiar.

Sino porque cuando alguien te quiere de una manera que se siente sincera, uno empieza a querer cuidar aquello que recibió.

Y yo quiero cuidar lo que tengo contigo.

Quiero cuidar tu confianza, tu corazón y tus días buenos y también los que no lo sean tanto.

Quiero estar.

No solamente mientras todo sea bonito, sino mientras la vida siga haciendo lo que siempre hace: cambiarnos, ponernos a prueba, sorprendernos, obligarnos a crecer.

Porque no sé qué nos espera.

Y sinceramente prefiero no inventarlo.

Prefiero saber que hoy te tengo, que hoy puedo quererte, que hoy puedo decirte cuánto agradezco que estés en mi vida.

Porque quizá amar también sea aceptar que nada está garantizado y aun así decidir que vale la pena quedarse.

Y yo quiero quedarme.

Quiero seguir conociéndote incluso cuando crea que ya te conozco.

Quiero descubrir las versiones de ti que todavía no existen.

Quiero que tú también conozcas las versiones de mí que todavía estoy construyendo.

Y quiero que algún día podamos mirar hacia atrás y entender que no necesitábamos tener todas las respuestas.

Solo necesitábamos seguir caminando.

Juntos.

Porque hay algo profundamente hermoso en saber que entre tantas personas y tantas historias nosotros sí nos encontramos.

Y no quiero desperdiciar esa coincidencia.

Quiero convertirla en recuerdos.

En conversaciones.

En abrazos.

En años.

En una historia que, cuando la recordemos, no necesite ser perfecta para haber sido extraordinaria.

Y si alguna vez llegas a preguntarme qué significas para mí, creo que no podría responderte con una sola palabra.

Porque “amor” se queda pequeño.

“Felicidad” tampoco alcanza.

“Paz” explica una parte, pero no todo.

Quizá lo más cercano sea decirte que desde que estás conmigo hay una parte de mi vida que ya no siento vacía.

Y eso es algo que jamás voy a dejar de agradecer.

Así que gracias.

Gracias por quererme.

Gracias por confiar en mí.

Gracias por hacerme sentir bien simplemente estando cerca.

Gracias por cada beso, cada abrazo, cada sonrisa, cada momento en el que has conseguido que un día normal se sienta un poco menos normal.

Y si algún día la vida nos cambia, si algún día somos personas diferentes a las que somos ahora espero que nunca olvidemos esto: que alguna vez fuimos exactamente estas dos personas, aquí, ahora, aprendiendo a quererse.

Y que entre toda la inmensidad de la existencia nos tocó coincidir.

Eso me parece casi imposible.

Y, sin embargo, estás aquí.

Tú.

La persona que consiguió que la palabra “hogar” dejara de parecerme solamente un lugar.

La persona que me hizo entender que a veces uno no necesita que el mundo se vuelva más pequeño.

Solo necesita encontrar a alguien con quien la inmensidad deje de dar miedo.

Y si algún día me preguntaran cuál fue una de las cosas más bonitas que me dio la vida, no hablaría de un lugar, ni de un objeto, ni siquiera de un momento.

Hablaría de una persona.

De ti.

Porque al final, después de todo lo que he vivido, de todo lo que fui, de todo lo que todavía estoy intentando ser, hay una verdad que no necesito pensar demasiado para saberla:

qué suerte la mía de que entre tantas vidas posibles la mía haya tenido un espacio donde encontrarte.

Y si el tiempo algún día consigue llevarse muchas cosas de nosotros, si borra detalles, fechas y palabras y convierte algunos recuerdos en fotografías lejanas...

ojalá nunca consiga borrar esto:

que hubo una vez en la que dos personas se encontraron y, por un instante que parecía pequeño pero terminó significándolo todo, se hicieron felices.

Y yo quiero que ese instante dure todo lo que la vida nos permita.

Porque si existe algo que quiero conservar de este mundo, no es la certeza de que todo saldrá bien.

Es la certeza de que, mientras estés conmigo, habrá algo por lo que valdrá la pena seguir mirando hacia adelante.

Y eso...

eso eres tú.

Poemas para mi kessito